Si un agente realiza operaciones en sistemas empresariales, hay una identidad detrás de esas operaciones. Quién es esa identidad sigue siendo una de las preguntas más saltadas en los despliegues.
01. Dos modelos
El agente actúa en nombre del usuario o bajo una identidad de servicio propia. En el primero queda acotado por los permisos del usuario y la trazabilidad es natural. En el segundo hay tendencia a conceder permisos amplios, y ahí está el riesgo.
02. La trampa del permiso amplio
Un agente que corre con permisos de administrador "para simplificar" significa acceso total en un incidente de manipulación de instrucciones. El mínimo privilegio pesa aquí más que en aplicaciones clásicas.
03. Límites por herramienta
Conceda permisos a nivel de herramienta, no de sistema. Qué herramientas puede llamar el agente y qué registros puede tocar cada una deben definirse por separado.
04. Operaciones de escritura
Las herramientas que crean, actualizan o borran registros deben exigir aprobación. No exponer operaciones irreversibles directamente al agente es principio básico; dinero, contratos y comunicación externa entran ahí.
05. Límite temporal
No dé claves permanentes a las identidades de agente. Credenciales de vida corta y alcance estrecho acotan el daño ante una fuga.
06. Pista de auditoría
Cada operación debe registrar qué agente la hizo, por qué solicitud de usuario y en qué ejecución. Esa cadena es la única forma de rastrear un problema.